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El apocalipsis cancelado

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POR SARA HØYRUP

El alarma lleva tiempo sonando. ¡Viene Vox! Vienen los jinetes machistas para manosearnos, maltratar a los toros, echar a tiros a los africanos y desdeñar a los catalanes.

Y venir, vinieron. Entraron en el parlamento, y ni en el local electoral sabían comportarse. Un apoderado tuvo que ser retirado tras sus atenciones a dos doncelas de la competencia en Ciudadanos. Pero no arrasaron, y no lograron la clave para el gobierno.

No son ellos la extrema derecha que nos acecha con más éxito.

Los antimodernos

La reacción antimoderna ya estaba. Los métodos antipluralistas también. La propaganda, la adoctrinamiento, la discriminación.

Aquí entre nosotros. En Cataluña, y en el País Vasco. En las regiones con la autoestima inflada.

Los antifascistas que ”boicotéan” a todo disidente, tachándole airosamente de ”facha”. El gran George Orwell tendría para nuevas obras sobre el newspeak por estos lares, si siguiese entre nosotros.

La llamada Esquerra Republicana Catalana es tan reaccionaria o más que el popular partido xenófobo de mi tierra natal, Dinamarca. El partido de aquí se presenta como ”socialdemócrata” a la prensa extranjera, mientras la de allá es considerado extrema derecha.

Lo curioso es que es el partido danés el que nace de la socialdemocracia, históricamente internacionalista. Los trabajadores arrinconados por la globalización en el mercado laboral, y por migrantes de tierras lejanas y costumbres inquietantes en sus barrios, llenan de votos fieles a este partido que defiende el Estado de bienestar, pero solamente para los daneses.

Nosotros primero

Por toda Europa se escucha este lema: nosotros primero. Desde la Aurora Dorada en Grecia, con sus comidas populares para los suyos, pasando por la Italia de Matteo Salvini que insiste en dejar morir los africanos en alta mar, y los frentes xenófobos en Francia, Austria, Hungría, Holanda … Hasta la consentida Escandinavia, donde temen por su propia desaparición como naciones de tamaño pequeño: nosotros primero.

Vox lo dice abiertamente, y los nacionalismos periféricos lo dicen con sus actos y sus actitudes: nosotros primero. No en vano, los amores de Salvini vacila entre la estelada y el jinete. Ambas son de derechas, y no de las céntricas.///

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